domingo, 30 de junio de 2013

ENTRE TU Y YO..., SILENCIO




Entre tú y yo, vamos a sincerarnos,
Es hora de olvidar miedos
Rescatar anhelos, mirarnos a los ojos
Y en silencio…
Llorar, las manos entrelazadas
Pupila sobre pupila, corazón abierto
A una cuarta nuestros labios
Y contárnoslo todo sin abrir la boca.

Nací sabiendo que nacerías,
Para ser la pieza ausente de mi laberinto.
Siempre fui, por eso, niño triste.
He sentido apretar tus manos las mías
Al escucharlo, y rodar el mar hasta tu boca,
Gota a gota nutriendo mí angustia.
Arrastré mi niñez y mi atormentada vida,
Desgarrado a dentelladas de fieras,
Por los riscos de Toledo
Con el puente centinela del dolor,
Buscándote sin saber que te buscaba
Y vomitando a cada error,
Castigándome por no saber encontrarte.

Tú, mientras, me lo han gritado tus ojos,
Obligado, correcto, caballero,
No hacía falta que abrieses la boca
Si lo hubieses hecho, te la habría sellado con la mía
Corrías libre, fuerte, sano, indisciplinado
Por los campos templados de la verdad
Bochorno sin tregua perlando tu piel
Oscura piel de niño distinto,
Distante a veces, hasta de ti,
Imaginando mundos magníficos,
Ilimitados, sin fronteras de sal,
Atormentado por una duda nebulosa
Negándola, sufriéndola, rendido
A ratos, furioso al consumar la vaciedad.
Todo era injusticia. Tú serías esa justicia
Y terminaste recto, justo, duro…, y sensible.

¿Casualidad?, ¿Hado?, ¿Destino?
Quizá mejor no haber visto nunca esas pupilas veladas
¿A propósito?
¡Oh! Hados crueles
¿En que blasfemé para soportar este castigo?
Luego lo supe; nunca enseñaste a mentir a tus ojos.
Unos ojos limpios, espejo de un corazón sano
Nunca sabrán mentir; mejor ocultarlos.
Quizá mejor…, vamos a sincerarnos
Mejor, voy a sincerarme, sin excusas;
Me estremeció tu piel, tu hábito
Parecías hablarme a mí, solo a mí; ¡no!
Me hablabas a mí desde esa sonrisa enigmática
Y estuve semanas contemplando tu figura
Tu rictus de zafra cubana, imposible sustraerse,
No leía ya nada, el poema era tu figura
Cuanto más leía ese poema que es tu cuerpo,
Más me enamoraba y todas mis neuronas eran tuyas.

He querido sincerarme aquí
No se hacerlo de otra manera,
No imagino como hacerlo diferente
Como no fuese sin palabras
Redactando con mi piel sobre tu piel
Desnudos los dos de sudor y deseo imposible
El poema perfecto
El amor imposible
La historia de dos vidas inencontrables,
Solo que yo si encontré
Fui consciente
Y renuncié.

 
 

1 comentario:

  1. Hay caminos... condenados a no cruzarse.
    Desgarrador, amigo.

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